Chiquinquirá conmemora 55 años de la mayor tragedia por envenenamiento colectivo en Colombia
Aquella mañana de sábado, la tradicional panadería Nutibara inició la distribución habitual de pan, sin que sus trabajadores sospecharan que la harina había sido contaminada con Folidol, un insecticida altamente tóxico utilizado en los cultivos de papa. El químico llegó allí por una cadena de descuidos: un empaque defectuoso, una vía en mal estado, malas prácticas de transporte y la falta de control en la manipulación de sustancias peligrosas.
El resultado fue devastador. En cuestión de horas, decenas de familias acudieron desesperadas al hospital, llevando en brazos a sus hijos afectados por los síntomas del envenenamiento. Más de 70 menores fallecieron ese día, y la cifra total de víctimas alcanzó cerca de un centenar.
Para quienes vivieron el momento, la escena aún permanece imborrable: calles llenas de angustia, familias corriendo en busca de ayuda y un pueblo entero enfrentándose a una calamidad sin precedentes. Pese a la magnitud de la tragedia, ninguno de los responsables enfrentó consecuencias judiciales.
Hoy, 55 años después, Chiquinquirá honra la memoria de las víctimas y reflexiona sobre una de las mayores lecciones que dejó este hecho: la importancia del manejo responsable de sustancias químicas y los controles en la cadena de producción de alimentos.



